Escuchamos cerrarse la puerta con suavidad.Por un momento estuvimos en silencio, simplemente mirándonos.—Debemos hablar —dijo por fin—. Te has vuelto atrevida.Parpadeé.—¿No te gusta que toquen tu cabello?—Me refiero al hecho de que lamieras mi cuello frente a una multitud.—¿Eso... es un problema?—Sí.Fruncí el ceño.—No entiendo por qué. Tú haces contacto físico todo el tiempo cuando estamos frente a...—Me distraes.Cerré la boca. Él volvió a cerrar los ojos y comenzó a zambullirse un par de veces, restregándose el cabello. La pintura negra flotaba a su alrededor.No preguntaría los porqués ya que, conociendo a Kryos, seguramente tendría sus motivos.Salió del agua una última vez, salpicando pequeñas gotas, y se peinó el cabello con una mano.Quizá era porque su color natural lo hacía mil veces más atractivo.Con el pelo negro se veía varonil, misterioso, atractivo, pero con el suyo… se veía como una jodida estatua perfecta.—No soy de piedra, Kahira.Me horroricé por un mome
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