Para cuando regresó Kryos al jardín, su cabello volvía a ser negro.—Toma, tienes un par de minutos para arreglarte.Corrí al baño más cercano.No fuimos directo al castillo. Hicimos una desviación a una manada que se encontraba a cierta distancia y, cuando el carruaje se detuvo, me asomé por la ventana.—Lindo lugar. ¿Qué hacemos aquí?Morgana salió del carruaje sin contestar. Kryos me miró fijamente.—Tengo que hacer una visita. Quédate con el sacerdote exhibicionista.—¿Puedo saber si vas a matar o torturar a alguien?Parpadeó.—No es una visita violenta.—Genial. Entonces, ¿puedo mirar alrededor mientras terminas?Suspiró, bajó del carruaje y me ofreció una mano.Chillé emocionada.Edwin nos siguió.Más allá de la nueva propiedad de Sasha, el templo, un territorio destruido y un dudoso almacén en medio de la nada, no había visto mucho del reino. Tenía curiosidad y, además, venir con el rey me daba seguridad.Colocó mi mano sobre su antebrazo y caminamos hasta la entrada de la mana
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