A pesar de que había sido idea mía, en aquel momento comenzaba a replantearme seriamente si de verdad no existía una solución mejor.
—Debes darte prisa, Kahira. En segundos el jardín se llenará de lobos —dijo Sasha mientras tomaba el conejo vacío y lo ensartaba sobre el aplique de hierro sujeto a la pared, el mismo soporte donde normalmente descansaba una antorcha y contra el que Seris se había abierto el cráneo.
No había tenido el estómago para intentar limpiar aquello.
Y tampoco iba a pedirle