POV de MathildaEl silencio en el ático de Park Avenue era ensordecedor, una calma artificial que solo el dinero podía comprar mientras el mundo exterior pedía mi cabeza. Me quedé de pie frente al ventanal, observando las luces de Nueva York. Ayer era la sombra de un hombre poderoso; hoy, los titulares me llamaban "La Viuda Negra de la Logística", a pesar de que Enzo seguía respirando tras las rejas de Sing Sing.Me toqué el cuello, sintiendo el vacío donde solía estar el peso de su control. Debería haberme sentido libre. Había ganado, ¿no? Enzo estaba preso, yo tenía el mando de la empresa y Lila dormía en la habitación de al lado. Pero el sabor de la victoria era metálico, como la sangre que manchó mis manos en aquel almacén.—Señora, tiene visitas —la voz de Collins, mi jefe de seguridad, rompió el silencio. Su tono era inusualmente tenso.—Son las seis de la mañana, Collins. Si no es Miller con otra orden de registro, diles que se larguen.—No es la policía, señora. Es un servidor
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