La luna de la manada estaba brava con su Alfa, si al rey se le ocurría negarse, ella era capaz de echarlo de la habitación conyugal. Sentía que le debía demasiado a ese ser sobrenatural frío y letal. — Pero querida, en verdad tengo mucho trabajo, no puedo ausentarme demasiado de mis deberes, ¿Por qué tienes que querer cumplirle el capricho al vampiro? — Nunca te odio nada, Damiano, pero está vez deseo que le cumplas un capricho a Vladish, él podrá ser poco empático, un asesino de sangre fría, no tener corazón, hasta ser cruel... — Angelito, no me defiendas tanto, yo no soy tan malo. — Espera Vladish, este terco Alfa va a entrar en razón, si me niega está petición, juro por dios que me voy a encerrar en la habitación por tiempo indefinido, y ni hablar de que no le voy a permitir entrar. — Luna eso es injusto, me siento agraviado. Vampiro, ¿Ya estás contento por ponerme a mi luna en mi contra? — Yo solo quiero un hada para mi heredero, tú te rehusaste a conseguirme una,
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