La bella doctora por fin había despertado, su pecho ya no dolía, ni ardía, por lo menos no por el ritual que el vampiro había realizado en ella. Él la escuchó llamarlo y fue de inmediato a verla, más lo que vió lo dejó sorprendido, a él, a quien lo había visto todo. Elizabeth volaba cerca del techo, tenía dos hermosas alas aterciopeladas blancas, sus ojos azules estaban un poco más grandes de lo normal, pero de manera extraña, si no con una belleza extraordinaria, su brillo era único, divino, angelical. — Elizabeth, ¿Qué haces allá arriba? Baja aquí. — El vampiro no podía evitar ver las hermosas y torneadas piernas de la angel, pero se volteaba para no irrespetarla. — ¡Vladish, mírame, tengo alas, sin dos, y puedo volar, puedo volar alto, ya no tengo frío, me siento fuerte, me siento sabía...! — Señorita, apenas te acaban de salir ese par de alas, tienes que aprender a controlarlas, si te caes desde allá arriba, el cachorro se va a lastimar, y no queremos eso, ¿Cierto?
Leer más