EsmeraldaEl día se había pasado en un abrir y cerrar de ojos. Después de irme de la casa que compartía con Íker, me tomé una hora para ir al médico. Estaba cansada, con la cabeza a punto de estallar y, con lo ocurrido recientemente, mi mente no estaba clara. Pasé el rato con mis amigos, pero al llegar a casa, me lo encontré de frente. Ni siquiera me había dado un día libre, y esto ya me estaba sobrepasando.Sabía que debíamos hablar, que había cosas en el aire. Fuimos pareja por un par de meses, nos llevábamos bien. De hecho, puedo reconocer que me enamoré de él como una quinceañera. Rodé los ojos y me quedé pensando hasta que escuché la puerta de mi habitación abrirse.—¿Estás bien? —preguntó Rubí, y yo asentí.—¿Saldrás? —pregunté al verla bien vestida.—Sí, voy a divertirme un rato —se sentó frente a mí—; sin embargo, si quieres que me quede contigo, lo hago. Prefiero una noche de chicas que otra cosa.—Eso quiere decir que saldrás con alguien —levanté las cejas jugando, y las dos
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