Íker DenaroEl recorrido desde mis oficinas hasta el vestíbulo del edificio se me hizo eterno. Ella estaba aquí, no podía dejarlo pasar. Esmeralda estaba aquí; un cúmulo de sensaciones y sentimientos se agolpaba en mi pecho, sentía que iba a explotar. Había demasiadas preguntas en mi cabeza.De pronto se abrió el elevador y, para mi mala suerte, allí también estaba Milenka. Ella se puso de pie y caminó hacia mí, mientras que mi esposa se dirigía hacia la salida. Me apresuré a detenerla, pero la rubia se me atravesó.—Íker, hola, no pensé que bajarías a recibirme —dijo totalmente calmada, como nunca.—Hola, Milenka. Discúlpame esta vez; debo hablar con la señorita Esmeralda —me excusé y, sin tan siquiera volverla a mirar, fui directo a la puerta—. ¡Esmeralda! —grité y vi que se detuvo—. Esmeralda, espera, por favor —traté de tomarla del brazo, pero el gran hombre con el que estaba no me lo permitió.—¿Señorita? —preguntó el gorila, y ella asintió.—Señor Denaro —me saludó. Me quedé vién
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