Capítulo 2. La Ley del Talión

Calli estaba cohibida, se sentía como una extraña en su propia casa, opinión acentuada cuando la mujer se desenvolvió como dueña y señora del lugar y ella solo se tratara de una invitada. 

—Calliope, no estarás en tu antigua habitación, esa es ahora de mi hija Eugenia, tú te ubicarás en el ala izquierda de la casa —habló con firmeza Elora, como para evitarse cualquier reclamo.

—Yo...—empezó a decir, aunque sentía las palabras atragantadas en su garganta, y antes de agregar algo más la mujer tomó la palabra, impidiéndole hablar.

—La razón es simple, tú vienes aquí de visita, solo vas a durar poco tiempo, porque tu padre me dijo que vas a regresar a Londres para tomar los votos, ¿Verdad Dion? —pregunto sin dejar de mirar a su marido, quien permanecía a  su lado.

El hombre se sintió un poco incómodo, no obstante, ante el pequeño golpe que recibió en el brazo de la mujer y su insistencia, no le quedó más alternativa, sino confirmar sus palabras.

—Si hija, es necesario que regreses a Londres, porque debes tomar tus votos, quiero verte consagrar tu vida a Dios.  —concluyó el hombre con firmeza.

—Está bien papá, se hará como tú digas, ahora voy a descansar, estoy muy agotada —ante sus palabras Elora la detuvo.

—Puedes subir, sin embargo, te quiero en menos de dos horas para la cena —expresó la mujer con firmeza.

—Lo siento señora Elora, me gustaría mejor tomarme un descanso, si no es molestia, no tengo hambre porque comí en el avión —habló la joven sintiéndose un poco tímida, y al mismo tiempo temerosa de hablar.

Calli quería escapar para su propio espacio, no estaba acostumbrada a estar rodeada de mucha gente, porque incluso en el internado, a excepción de cuando estaban en clases que estaba rodeada de gente, el resto del tiempo permanecía en solitario, tenía una sola amiga, una chica española, pese a ello, tampoco era mucho el tiempo compartido.

—Vamos a dejar algo claro Calli, está casa  no es un restaurante, si no comes en el horario pautado, entonces te quedarás sin comer, hasta la otra comida o hasta el día siguiente según sea el caso. Pensé que viniendo de un internado de monjas te habían enseñado disciplina, al parecer estaba equivocada porque no fue así —pronunció la mujer sin ocultar su molestia.

» Y yo hasta organicé una cena de bienvenida, incluso preparé la comida con mis propias manos, al parecer, lamentablemente mis esfuerzos han sido desdeñados, ¡No puedo tolerar semejante desaire! —se retiró del lado de ellos, de manera dramática aparentemente ofendida.

—¡Calli! —gritó su padre, haciéndola saltar asustada—. No voy a permitir bajo ningún concepto, que le hagas ese tipo de desaire a Elora, no quiero ver qué se siente mal por culpa de tu actitud indiferente, es mi esposa y todos deben considerarla y respetarla —la reprendió su padre.

—Papá, yo no le he hecho ningún desaire, solo me siento cansada, quería  dormir ...—no obstante, al ver el rostro de enojo de su padre y su  firmeza en la postura, como siempre terminó cediendo, no le gustaban los conflictos, por eso los evitaba al máximo.

» Está bien papá, lo siento no quería disgustarlos, yo bajaré a la hora pautada —señaló. 

Complacido por su decisión, su progenitor, besó su frente.

—Gracias, hija, con eso conoces a Eugenia, una jovencita agradable, te va a gustar.

—Como digas papá —respondió la chica bajando su mirada en una clara docilidad.

La joven subió teniendo tantas interrogantes en su cabeza, quería preguntarle sobre su matrimonio, ¿por qué no le avisó? ¿Por qué se enteró mucho tiempo después? ¿Por qué nunca supo de la relación entre ellos? Sin embargo, Calli no se atrevió a hacer ninguna, le daba temor de su reacción.

Cuando entró a la habitación, se quedó sorprendida al ver su estado, se notaba que no fue arreglada, no solo tenía polvo, también humedad, una cama angosta y una serie de objetos viejos, porque al parecer lo tenían como un depósito.

Miró a un lado y vio las cosas que había tenido guardada en su habitación tiradas, fotografías de su madre, las cuales conservaba con tanto amor, estaban mojadas, deterioradas, las abrazó llevándola a su pecho y no pudo evitar las dos líneas de lágrimas rodar desde sus ojos. Podía salir y exponer a la esposa de su padre, mas no quería causarle disgusto, decidió mejor invertir el tiempo en limpiar, no tenía caso  quejarse, si ella podía darle solución por sí misma.

Con  todo el cansancio de su cuerpo, comenzó a limpiar y a mover objetos, no solo en la habitación, sino también en el baño, sin embargo, se concentró tanto, que las horas se pasaron sin darse cuenta, cuando vio el reloj, tenía más de cinco horas trabajando y no cumplió la palabra dada a su padre, lo cual la hizo sentir mal, porque seguramente iban a pensar que lo engañó a propósito.

En ese momento, su estómago gruñó producto del hambre, sacó una toalla y ropa limpia, mientras caminaba, sintió un leve mareo y se agarró de la pared, se lo atribuyó a la falta de alimento y al cansancio.

Una vez duchada y vestida, bajó a la cocina, pero todo estaba recogido, cuando iba a revisar la nevera, apareció su madrastra de manera sigilosa, por lo cual no la escuchó,  sino cuando habló.

—¡No escuchaste mis palabras! Mi casa no es restaurante, si no bajaste a comer a la hora, debes esperar mañana, ni siquiera puedes tomar agua del refrigerador, aquí hay reglas ahora, debes cumplirlas, no puedes hacer lo que te da la gana —expresó la mujer mirándola con odio—. ¡Nadie te manda a quedarte dormida!

—No estaba durmiendo, sino arreglando la habitación, porque no la mandaron a arreglar —habló la chica, con un tono de voz suave, demasiado apacible.

—¿Vas a acusarme? —la agarró por el brazo y la empezó a hamaquear —¡Anda! Ve y me acusas, nadie va a creerte, no tienes prueba, ya todo está limpio y mientras estabas aquí, mandé a sacar las bolsas de basur4 de tu habitación. Eres demasiado estúpida para enfrentarte a mí. Si quieres comer, ve a la calle, sin embargo, ni se te ocurra molestar a los choferes para eso.

» Y si crees que tu hermano te defenderá estás equivocada, ese no puede ni con su alma, es un muerto en vida, lo tiene bien merecido, por ser el causante de la muerte de Basha, aunque ni eso la va a librar de la furia del padre de la chica —espetó con malicia.

—¡¿El padre de Basha?! ¿Quién es su padre? ¿Usted sabe algo de ellos? —preguntó, sintiendo lástima por esa familia, seguramente estarían sufriendo por la pérdida de su hija, pero ella no podía ayudarlos, nadie podía hacerlo, sintió una opresión en el pecho, y hasta contuvo las lágrimas, las cuales amenazaban con brotar de sus ojos, producto de la tristeza.

—¿Quién te dice que deseo contarte? Ni siquiera deseo establecer ningún vínculo contigo, si no quieres terminar involucrada en algo desagradable, debes regresar pronto a tu convento, si haces caso omiso a mis palabras, después no vayas a decir que no te advertí.

Dicho eso, se retiró, dejándola en la cocina pensativa, con hambre y sin permitirle prepararse ni un poco de comida, no tuvo más alternativa, sino irse a su habitación. 

Un par de horas después, debió levantarse, el hambre no la dejaba tranquila, sentía como si su propio estómago estuviera comiéndose las paredes estomacales. Revisó en su cofre, sacó su cartera con un poco de dinero que tenía guardado, lo metió en el monedero y salió.

Elora la vio, sonrió y sin pérdida de tiempo, marcó un número.

—La chica ya está saliendo de la casa, es toda tuya, espero ser muy bien recompensada por eso—habló con coquetería.

"—Tengo muchas formas de recompensas, a su tiempo te dejaré escoger cómo prefieres ser recompensada", le respondió una áspera voz de hombre al otro lado de la línea.

*****

Ares sonrió con malicia, ese momento, no esperaba desaprovecharlo, porque la ratoncita se encontraba vulnerable, fuera de su cueva, justo en la trampa donde la quería tener, pensó. Colocó el GPS y siguió la ruta, marcó otro número telefónico, cuando fue atendido dio la orden.

—El objetivo salió, ya sabes lo que deben hacer, no deben causarle daño físico, solo hacerla sentir mucho miedo  —dicho eso cortó con una sonrisa.

Siguió conduciendo, se estacionó relativamente cerca donde pudiera ver todo lo que sucedía, vio a la chica siendo robada por los dos hombres, la despojaron de sus pertenencias, incluso de su calzado, solo cuando ellos se fueron, retomó el recorrido, se estacionó justo a un lado donde ella   gritaba asustada.

—¡Ayuda! ¡Auxilio! Por favor, alguien que me ayude —gritaba desesperada, mientras las lágrimas bañaban sus mejillas. 

Cuando lo vio acercarse, salió huyendo, él corrió detrás de ella, la retuvo entre sus brazos, tratando de calmarla.

—Tranquila, todo está bien, te tengo y no voy a dejarte sola —la sostuvo y la abrazó con fuerza.

Ella se sentía y se veía tan pequeña, por un momento sintió remordimientos por sus futuras acciones, sin embargo, imaginarse el rostro de su hija le hizo desechar cualquier duda que pudiera tener, sobre su venganza, porque ella también era inocente antes de ser destruida por Dorian Markou. 

El viento sopló y alzó unas cuantas hebras del cabello de la chica que seguía aferrada a su cuerpo rozando su rostro, fue inevitable inhalar su olor, un aroma dulce y sutil de las violetas con flores blancas.

"Lo lamento mucho, Calliope Markou, pero tú debes  pagar por la muerte de mi hija, soy un firme partidario de la ley del Talión, y de su fórmula ojo por ojo y diente por diente, no habrá nadie quien te pueda salvar".

«No es posible tomar venganza de una villanía sino cometiendo otra.»

Petrus Borel.

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