8. PAPÁ.

ANA.

Dirigí mi vista al frente, justo en la entrada del elegante edificio veo a mi elegante padre, está molesto, lo veo en su mirada. Estiro mi pequeña mano y tomó la de Martín, entrelazó nuestros dedos y soy consciente de que se acaba de dar cuenta que estoy tensionada. 

—Ana.

—Padre. —Dijo sin un ápice de sentimientos en su voz, es como si hubiese pasado de estar viva a muerta en un segundo.

—Nos quedamos esperando por ti.

—Bueno, tenía planes, lamento no avisar. —su voz era demasiado fría. Y mi mano comenzaba a doler, pues cada vez que hablaba, yo apretaba con más y más fuerza la de Martín.

—Nunca has faltado a las cena semanales, tu madre no se sintió muy feliz. —Esta vez, mi padre mira fijamente a Martín.

—¿Mi madre o tu?. ¿Cuando entenderás que a nadie le gusta tu “cena familiar del viernes” y que todos vamos por obligación?. —Hablo fuerte y decidida, tal como lo hace mi padre.

Se hace un silencio realmente incómodo, pero tampoco quiero ser la que lo rompa. Martín se mantiene de pie junto a mi y la veo cada vez más tensionado. Siento como suavemente empieza a acariciar mi mano con sus dedos, no tengo idea de como lo está logrando, pues se que están tan apretadas que siento que en cualquier momento voy a partir sus dedos. 

De alguna manera su agarre y la manera en la que intenta tranquilizarme, me calman, espero que sea suficiente. Aunque la tensión se siente en el aire. 

—¿Quién es?. 

Papá por fin rompe el silencio que se había hecho entre los tres y lo que realmente me fastidia es que lo rompió con la pregunta que no quería que me hiciera justo ahora. 

Martín decide seguir la conversación, supongo que para evitar regresar a ese incómodo silencio de hace poco. 

—Mucho gusto señor, soy Martin Collins. El novio de Ana. —Me giro y lo miro, con ganas de matarlo, papá no me va a dejar en paz.

—El hijo del matrimonio Collins, recuerdo que fallecieron en un trágico accidente, —Martín baja su mirada por un instante— billonario y por lo que se, estás próximo a heredar las empresas de tus dos tíos también.

—Si, soy ese Martín Collins, pero prefiero que me reconozcan por mi trabajo como médico. —La voz molesta de Martín es perceptible en el aire, además de que se enderezo y es obvio que se puso a la defensiva.

—Sí claro, pero a un hombre también se le conoce por sus logros y su pasado.

—El pasado de nadie, dicta su futuro. —Por fin logró alzar mi voz. — No entiendo porque siempre quieres indagar en el pasado de todos. —Ya estoy empezando a molestarme.

—Porque para mi lo mas importante es que tu estés bien, así que no indago en el pasado de nadie que no me interese. Además, no necesito indagar en el pasado de Martín, es obvio que es un hombre conocido. —Finalmente doy un resoplido molesta.

—Eso no es verdad, tu quieres que yo esté, como tu crees que significa estar bien. Yo no necesito estar bien a tu modo papá. —Lo miro y tiene esa sonrisa socarrona de siempre.

—Deberías acompañarnos a la cena del próximo viernes. —Cambia de tema rápidamente y ahora está mirando a Martín con una sonrisa de esas que suele usar en sus campañas políticas. —Todos los viernes mi esposa ofrece una cena familiar y asistimos todos, serás bienvenido Martín. Ana faltó hoy, porque por lo visto eres más importante que nosotros y eso nunca ha pasado, nunca ha faltado desde que se fue de casa.

—Papá no lo hagas. —Ya sé a qué está jugando este hombre.

—Con gusto, el próximo viernes los acompañaré. —Y se pinta una enorme sonrisa en la cara de Martín. 

Creo y estoy segura de que Martín sabe que esa no era la respuesta que yo esperaba, pero al mismo tiempo estoy algo agradecida por su apoyo.

—Adiós Ana. Martín. —Inclina un poco su cabeza, despidiéndose de Martín.

—Adiós Papá.

—Hasta luego señor.

Así sin más, mi padre se giró sin decir nada más, ni siquiera un fraternal abrazo de padre e hija de despedida, pero supongo que con eso fue más que suficiente por un buen rato.

—¿Por qué hiciste eso?. —No tengo idea si Martín sabe a qué me refiero.

—Porque somos novios. —Bueno, si lo sabe.

—No lo somos. —Le digo ahora con una mini sonrisa y dándole un sorbo a mi cereza. 

—Entonces deja de decir que somos novios. —Por alguna razón, que no sé cual es, él sigue acariciando mis dedos.

—Yo no lo dije, fuiste tú quien le dijo eso a mi padre. —Pataleo con mis pies, como una niña pequeña.

—Pero fuiste tú quien anunció primero nuestro noviazgo, en el hospital. ¿Recuerdas?. 

No puedo evitar reírme y me doy cuenta de que no tengo ganas de soltar su cálida mano. 

—Vamos, en mi apartamento tengo más cervezas. 

Camino por delante, pero sin soltar su mano, casi que lo estoy halando para que me siga, no se si estoy haciendo bien, pero se siente bien, me siento tranquila y feliz, como hace muchos años no me sentía. 

El viaje en el ascensor es realmente simple, vamos tomados de la mano, permanecer tomados de la mano me hace sentir como si estuviésemos atados de alguna forma, pero libres al mismo tiempo y sin embargo ninguno quiere soltarse. Eso creo yo, la duda me ataca y lo hago saber enseguida. 

—Lo siento, —le digo señalando nuestras manos entrelazadas y hago el intento de liberarlo, pero él me sujeta con fuerza evitando que lo suelte.

—Me gusta, se siente bien. —Me sonríe como si fuese un niño pequeño. —Podemos quedarnos así, después de todo somos novios. 

Su mirada va al frente y yo estoy como hipnotizada por su perfil, que no es un perfil griego o de un Dios perfecto, es solo el perfil de un hombre lindo y amable, se que debe tener sus secretos o partes oscuras, yo las tengo y no puedo negar la existencia de esas cosas que consideramos feas en cada uno de nosotros, después de todo somos humanos, pero por alguna razón estoy dispuesta a conocerlas.

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