CAPÍTULO 86. El espíritu de una leona
Elliot habría podido imaginar a mucha gente detrás de los mensajes que llegaban a su teléfono, pero definitivamente el periodista no era uno de ellos.
—¡¿Jackson?!
—El mismo que viste y calza —dijo Jackson soltándolo y dándole la mano.
—¿Y tú qué diablos haces aquí? —lo increpo Elliot sin entender nada.
—La historia es un poco larga de contar, pero es mejor si te cuento adentro —respondió el periodista.
—Es mejor todavía si me lo cuentas después. ¡Ahora voy a buscar a mi mujer! —gruñó Elli