Capítulo 4

Cuando llegaron a la tercera planta, Isabel apenas podía respirar. No sabía si era por el cansancio de subir las escaleras o por pensar una y otra vez en el beso que habían compartido. Encontró la habitación y abrió la puerta. No pudo evitar dar un suspiro de asombro. El sitio era un cuchitril.  Entraron y Adam cerró la puerta. 

-¿Qué esperabas? ¿El Ritz? -le preguntó. 

-Al menos parece que está bastante limpio -contestó ella. 

Era cierto, la habitación era pequeña y solo tenía una cama doble, una mesilla de noche con quemaduras de cigarro y una silla. La única luz que había era la de una lámpara con la pantalla torcida. La alfombra estaba limpia y la habitación olía a detergente con olor a pino.

Isabel entró en el baño. Era pequeño y no tenía bañera, solo un minúsculo plato de ducha, pero también estaba limpio. Se volvió y miró a Adam quien tenía el ceño fruncido. 

-No está tan mal -dijo ella-. Podía ser peor. 

-No, no está tan mal -admitió él-. Pero no importa si está mal o no porque no vamos a quedarnos aquí -añadió. -Isabel lo miró atónita. 

-¿De qué estás hablando? Claro que vamos a quedarnos aquí. Es parte del plan. 

-Es un plan ridículo, ¿y qué te has hecho en el pelo? -la miró como si fuera de otro planeta. -ella se acarició un mechón teñido de color cobre brillante. 

-Es un tinte. Ponía que se va en un par de semanas. Es parte de mi disfraz. 

-¿Y qué me dices de esa ropa? ¿De dónde la has sacado? -sus ojos grises brillaban como el metar-. Pareces... pareces... 

-No me parezco en nada a una princesa -le interrumpió ella-. Y esa era la idea -frunció el ceño. Estaba muy contenta de la ropa que había elegido, segura de que encajaría perfectamente con la multitud del bar. 

-La mitad de los hombres que había en el bar estaban dispuestos a irse contigo -dijo en tono enfadado. 

Isabel se encogió de hombros, sorprendida y a la vez satisfecha de recibir esa información. 

-¿De verdad? Eso es bueno. Significa que mi disfraz ha funcionado. 

-Isabel, lo más probable es que pensaran que estabas trabajando y que se preguntaran cuánto cobrabas. 

-¿Quieres decir que pensaban que era una... que soy... una prostituta? -se sentó en el borde de la cama-. Quizá exageré un poco -admitió y miró la falda y el top que llevaba-. Pero al menos, funcionó, nadie me ha reconocido -sonrió para tratar de romper la tensión que había en el ambiente. 

Él no sonrió y comenzó a caminar de un lado a otro. Vestido de negro parecía una pantera buscando una escapatoria. Isabel esperó a que hablara. Sabía que no lo haría hasta que no hubiera ordenado sus pensamientos. Era una de las cosas que siempre le había molestado de él, Adam nunca hacía o decía nada de manera espontánea.

Finalmente dejó de pasear y se detuvo frente a ella. 

-No dejaré que hagas esto, Isabel. 

-¿No permitirás que haga esto? -preguntó ella entornando los ojos. Se acercó a él. Podía sentir el calor que irradiaba de su cuerpo y ver el brillo plateado que había en sus ojos-. Adam, te olvidas de que ya no eres mi oficial al mando. No puedes impedir que haga esto. 

-Eso es cierto -se fijó en sus labios y recordó el beso que habían compartido. 

-Tengo intención de hacer esto, Adam, con o sin tu ayuda. Estás de mi parte, o en mi contra. 

Él dio un paso atrás y se pasó la mano por el pelo. 

-Sabes que no puedo marcharme y dejarte sola en este lugar. -ella asintió aliviada. 

-Entonces, estás de mi parte. 

-No me has dado otra elección -dijo él enfadado-. Te apoyaré, pero con una condición -dijo sin mirarla a los ojos-. Tienes que prometerme que no volverás a vestirte así. No quiero tener que pelearme con esos hombres para defender tu honor.

-¿Lo harías? ¿Pelearías por mi honor? -bromeó ella. 

-Claro que lo haría -contestó él-. Mi trabajo es proteger y servir al Rey y su familia. 

Isabel no estaba segura de por qué, pero su respuesta la decepcionó. Él nunca olvidaba su puesto en la Royal Edenbourg Navy. Deseaba que por una vez olvidara su puesto, su deber y su responsabilidad y la tratara como un hombre trata a una mujer. 

-¿Ben te ha dado la información? -preguntó él. 

Ella asintió y agarró la bolsa. Sacó la ropa y buscó los papeles que estaba en el fondo y contenían la información que necesitaban para contactar con los socios de Shane Moore. Sacó los papeles y volvió a meter la ropa en la bolsa, después hizo un gesto para que Adam se sentara junto a ella. 

-Esta es la lista de las personas que eran socios de Shane -dijo ella tratando de centrarse en el trabajo y de ignorar el roce de su muslo contra el de él-. Ya hemos contactado con Willie Tammerick. Aquí está la información que Ben ha podido obtener de él .barajó los papeles y Adam se acercó más a ella. Sus hombros se rozaban. 

-Nada nuevo -murmuró él-. El hombre tiene antecendetes por desórdenes públicos y haber bebido en exceso. -Isabel notaba su cálida respiración y no pudo evitar pensar en el beso. En toda su vida, ningún beso la había afectado tanto como aquél-. Isabel -el tono de Adam era de exasperación y ella se percato de que él había estado hablando pero que no lo había escuchado. 

-Lo siento, estaba distraída. ¿Qué decías? 

-He dicho que no puedo imaginarme a Shane Moore confiándole algo importante a Willie. Shane era demasiado inteligente como para confiar en un borracho. -Isabel asintió. 

-Creo que tienes razón. Antes de que llegaras estuve hablando con Willie y traté de sonsacarle información, pero creo que no tiene ni idea de en qué estaba metido Shane. 

Ben Lockhart había hecho un trabajo excelente al conseguir información acerca de la mayoría de la gente que aparecía en la lista que les había dado Meagan Moore. No solo había detallado sus antecedentes penales, sino también, en algunos casos, había incluido una fotografía.

Adam e Isabel estuvieron analizando la información durante un par de horas. Adam señaló la foto de un hombre corpulento lleno de tatuajes. 

-Blake Hariman -dijo Isabel al ver el nombre que había bajo la foto-. Un buen chico. Tiene antecedentes por robo de armas, poseción de armas de fuego y agresiones. 

-Y según la información de Ben, era uno de los mejores amigos de Shane -Adam la miró fijamente-. Isabel, estamos jugando a un juego muy peligroso con gente peligrosa. Si alguno de ellos descubre quiénes somos y cuál es nuestra intención, nos matarán. 

-Lo sé -dijo ella-. Pero no hay motivos para que sospechen que nos somos Bella y Adam Wilcox. Le he dicho a Bart, el camarero, que estás buscando trabajo y me ha dicho a lo mejor pueda darte algnos trabajitos por aquí. Creo que disimulamos muy bien, Adam. 

Por primera vez desde que estraron en la habitación, Adam sonrió. Isabel sintió la fuerza de su sonrisa por todo el cuerpo. Adam era un hombre atractivo cuando estaba serio, pero cuando sonreía, era absolutamente devastador. 

-Desde luego no tenemos que preocuparnos porque alguien te reconozca. Nunca me imaginé que un bote de tinte y un poco de maquillaje podían cambiar tanto a una persona. Tardé unos minutos en darme cuenta de que eras tú. 

-¿Me estabas mirando? -Isabel lo miró curiosa. ¿La había mirado porque le parecía atractiva? 

Adam dejó de sonreír y frunció el ceño. 

-Estaba mirando a todo el mundo -contestó- Se puso en pie y miró el reloj-: Son más de las doce, ¿no crees que deberíamos irnos a dormir? 

Isabel asintió y guardó los papeles en la bolsa. Se puso en pie y de pronto se percató de lo que conllevaba irse a dormir. Adam y ella fingían ser marido y mujer. Pasarían la noche juntos en aquella habitación. Esa noche y todas las noches mientras llevaran a cabo el plan, dormirían juntos en aquella cama, que de pronto le pareció muy pequeña. 

-TRAIDOR! -gritaba la multitud con el puño en alto-: ¡Has traicionado a la Corona! 

El ambiente estaba tenso y era peligroso. Varias personas agarraron piedras y las arrojaron contra el hombre que tenían delante. El hombre, vestido con un uniforme impecable lleno de medallas, no se movió ni intentó escapar de la furia de la multitud. 

Adam, contempló con horror cómo lapidaban a su padre. De pronto, la escena cambiaba y era a él a quien lapidaban. Las piedras caían con fuerza sobre su cuerpo mientras la gente gritaba: 

-Traidor.

-Traidor. 

Adam estaba dormido pero en un instante se despertó completamente. La pesadilla le había dejado un sabor amargo en la boca. Le dolían lus músculos y los huesos, pero sabía que no era por las piedras de la pesadilla, sino por intentar dormir en la silla que había junto a la cama. 

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