*XIX*

No podía emitir ni una simple letra.

Podía notar cómo los labios del castaño lo envolvían por entero.

Cómo le provocaba espasmo tras espasmo.

No lograba tener las piernas quietas y no tardó en doblarlas por las rodillas.

Apoyando los pies en el colchón tomó impulso...

Y empezó a mecer la pelvis al mismo ritmo que la boca del mayor.

Sus manos se abrieron sobre la colcha y sus dedos l

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