Entre dos mundos
"Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Para Bruno, estas palabras no eran más que un cliché desgastado, una frase vacía que la gente repetía por inercia. Sin embargo, la vida se encargaría de grabárselas a fuego de la manera más cruel.
Bruno siempre fue una muralla: un joven frío, rebelde y de una rudeza que alejaba a cualquiera que intentara descifrarlo. En su arrogancia, jamás se detuvo a observar a quienes caminaban a su lado. No disfrutó los momentos, no valoró los gestos y, peor aún, dio por sentado que el mundo siempre estaría ahí, esperando por él. Estaba convencido de que el tiempo era un recurso inagotable, pero el destino ya le había trazado un camino muy distinto.
Cuando la pérdida finalmente lo golpeó, el refrán se convirtió en una herida abierta. El vacío le enseñó, a la fuerza, el peso de lo que ya no estaba. Desesperado, Bruno intentó retroceder, reparar el daño y recuperar los años desperdiciados, pero el "demasiado tarde" ya se había instalado en su realidad.
Su deseo de cambiar las cosas fue tan voraz y genuino que atrajo la atención de un ser misterioso, alguien capaz de ofrecerle lo imposible... aunque bajo sus propias reglas.
Un mundo paralelo. Una dimensión desconocida.
Una línea de tiempo donde todo parece igual, pero nada es lo mismo.
Ahora, Bruno tendrá la oportunidad de experimentar el amor en su forma más pura, pero el regalo tiene un precio: deberá elegir entre la verdad de su dolor o la belleza de una mentira.