La duda es una marea que sube lentamente, humedeciendo los cimientos de la seguridad hasta que todo el edificio amenaza con derrumbarse. Durante los últimos días, Elena había sentido que el aire en su casa de las colinas se volvía denso, cargado de un peso que no lograba definir. Alexander seguía siendo el amante devoto, el hombre que la buscaba con urgencia cada noche y la envolvía en sus brazos como si fuera su tesoro más preciado. Pero había algo en sus silencios, en la forma en que guardaba