La burbuja de seda y fuego que Elena y Alexander habían construido durante su retiro privado comenzó a disolverse ante las exigencias de la realidad. El lunes por la mañana, la Torre Imperial y Sterling Holdings reclamaban a sus líderes. Alexander, aunque reacio a separarse de Elena, sabía que su posición exigía presencia. Tras un desayuno prolongado donde los besos sustituyeron a las palabras, ambos se vistieron con sus armaduras corporativas, aunque en sus ojos todavía brillaba el rescoldo de