Hazel
Una sonrisa boba se deslizó por mis labios cuando desperté aquella mañana, la luz del sol filtrándose por las cortinas y esa sensación en mi pecho que me atrevía a decir que era felicidad.
Perezosa me deslicé de la cama, cogí la camisa negra de botones sin molestarme en ponerme nada más salí de la habitación en su búsqueda. La prenda olía a él, terriblemente exquisito.
El personal en aquella casa era poco, lo cual lo hacía más cómodo, nunca había sido de mi comodidad estar rodeada de t