Hazel
Dimos un recorrido en uno de los coches de golf, el lugar era impresionante y el rugido de las olas la melodía más hermosa. La playa me daba paz y lograba relajarme y olvidarme de todas mis frustraciones. Claro estaba que el hombre a mi lado era la razón principal para mi tranquilidad.
Nos detuvimos en una zona lejos de la mansión y donde no había personal a la vista, unas grandes palmeras brindaban algo de sombra, se movían al compás de la brisa al igual que mi cabello. Bajé sin espera