Cinco minutos después, Sofía se bajó de las piernas de Alejandro y, cuando él se puso de pie, ella revisó su brazo.
—Te dije que no me cargaras. —Lo regañó, molesta, cuando vio que había un poco de sangre filtrándose.
Alejandro bajó la cabeza.
—No pude controlarme.
Sofía estaba enojada, pero él no tenía vergüenza, así que ella solo respondió:
—Muy bien, sufre tú solo.
Apenas terminó de decirlo, intentó soltarle la mano, pero Alejandro la sujetó entrelazando sus dedos con los de ella.
—No voy a v