Mónica le mandó la foto a Alejandro; él asintió cuando vio la pantalla y guardó la imagen. Javier lo notó y ya no supo ni qué decir, así que se sirvió un trago y se lo tomó de un solo golpe frente a Sofía y Alejandro, diciendo simbólicamente: sí, estoy mal; lo admito.
Después de eso, todos volvieron a beber, a comer y a conversar. De vez en cuando, alguien se reía o empezaba a hacerle bromas a otro y el ambiente se llenaba de alegría.
—Hace mucho que no me sentía tan relajado —dijo Javier, mien