—Eres tú. Tú mismo hiciste que Sofía corriera a los brazos de Alejandro. Eres tú, todo es tu culpa. Siempre te equivocas. ¡Nunca vas a madurar! Porque ni siquiera sabes qué es amar. ¿Por qué no sabes cómo amar a alguien? ¡Todo es tu culpa! ¡Eres tú el que arruina todo!
—¡No! No es así... Puedo hacerlo... Lo sé...
Diego se despertó sin aire, con el corazón agitado y la frente cubierta de sudor; se sentó en la cama con la respiración agitada. A veces solo se puede olvidarse de lo que soñó al desp