El entusiasmo con el que Sofía contestó la llamada fue casi igual al de Sebastián: prácticamente ninguno.
Normalmente, después de tres tonos, Isabella ya perdía la paciencia y colgaba, pero esta vez se aguantó; esperó. Contó uno, dos, tres... hasta diez y, por fin, la llamada fue contestada.
—Habla —dijo Sofía, con un tono muy serio y directo—. Si tienes algo que decir, dilo.
La furia que Isabella tenía acumulada se deshizo en cuanto escuchó esa voz tan seria. "Está bien". Sofía había cambiado.