Sofía se rio; le resultaba demasiado absurdo.
Como si obedecerlo pudiera convertir a Diego en otra persona, como si dejar de ser un monstruo dependiera de eso.
La verdad era simple: todo tenía que hacerse como él quería. Mientras lo complaciera y se sometiera, iba a estar satisfecho.
"La única forma de escapar", pensó, "sería fingir, seguirle el juego, halagarlo, subirlo a su pedestal hasta que bajara la guardia y lograse huir".
Pero Sofía ya no era la misma que fue en su matrimonio. Despertó, p