Sofía quitó la mano de inmediato.
—Ya se te secó el cabello. Creo que me tardé demasiado ahí adentro.
Alejandro la miró en silencio.
—Veamos un rato más la película y luego dormimos —propuso Sofía, y se sentó a su lado. Entre los dos quedó una distancia prudente, quizá de un metro.
La luz de la sala era tenue, agradable, perfecta para dar sueño.
Dormir... de repente esa palabra se volvió incómoda.
En teoría, solo fingían ser pareja. No había sentimientos entre ellos, y pasar la noche en la misma