Sofía levantó la mano y miró el anillo bajo la luz.
—Está lindo —dijo con una sonrisa.
—Mientras te guste —contestó Alejandro, arrancando el auto con la misma serenidad de siempre.
Ella miró por la ventana, contemplando el tráfico. Pensó en Pandora; era inevitable sentir cierta tensión, aunque con Alejandro cerca no había motivo para temer. Él no era como Diego.
Recordó la noche anterior y su salida abrupta.
No sabía si él lo había notado, pero ahora que lo pensaba, le daba un poco de vergüenza.