Sofía se levantó. Le dolía el hombro y tenía la cabeza un poco aturdida. Se frotó el brazo mientras salía de la oficina. Como siempre, fue a la sala por un vaso de agua. Notó que la tele seguía prendida.
Se sirvió agua, se tomó la mitad y se recostó en el sofá. Dejó la mente en blanco. No pudo pensar en nada.
Después de un día tan movido, solía tener esos ratos en los que simplemente se desplomaba. Descansaba unos diez minutos. Luego juntaba fuerzas para bañarse y dormir.
—¿Ya terminaste? —pregu