Sofía respondió al mensaje:
“De acuerdo, señor Montoya”.
Después de contestar, se levantó para ir a recibir a Alejandro. Al fin y al cabo, era su secretaria; esa costumbre ya era un acto casi instintivo.
Pero antes de empezar a caminar, le llegó otro mensaje, como si él hubiera adivinado lo que pensaba
“No hace falta que salgas a recibirme”.
Aunque escribió eso, Sofía no pensaba obedecer. Pero justo en ese momento, a Santiago le sonó el teléfono. Cuando vio la pantalla, se levantó de inmediato.