El tono de Fidel era relajado y, apenas abrió la boca, rompió el hielo. De inmediato se percibía en él un aire libre y despreocupado.
Diego sabía bien que él era un apasionado de los viajes y las aventuras por el mundo. Si no fuera porque su familia lo había presionado para regresar, probablemente seguiría perdido en alguna selva, conviviendo con tribus indígenas.
Diego se levantó y le dio una palmada en el hombro.
—Hace mucho que no nos vemos.
Fidel se sentó junto a él.
—Ya terminé prácticament