Pero ya no quedaba nada de eso.
De pronto, Sofía se quedó petrificada. Después del shock inicial, solo pudo pensar que había desperdiciado tres años de su vida como una triste idiota.
—¡Paf! —Una cachetada aterrizó en la cara de Diego.
No fue muy fuerte, pero dio en el blanco.
Mientras Diego procesaba el golpe, llegó la segunda cachetada.
Sofía volvió a acertar.
Cuando iba por la tercera, Diego le atrapó la muñeca, pero Sofía parecía estar poseída. Todo su cuerpo estaba tenso, los dientes apreta