Desde que empezó la empresa hasta ahora, siempre había tenido una energía imparable. Sin importar qué tan grandes fueran los retos o las dificultades, siempre se lanzaba de cabeza con ímpetu hacia adelante.
Ya fuera por esa impetuosidad juvenil o por las ganas de demostrar de qué estaba hecho, el caso era que ¡jamás se daba por vencido!
Pero ahora tenía un problema técnico enfrente que lo tenía asfixiado contra la pared. Dinero, no había. Gente capacitada, tampoco. Y encima de todo Sofía que sol