Pero tampoco podía permitir que sus colegas se burlaran de ella.
—¡Preocúpate de lo tuyo!
Joaquín llevó a Sofía a la oficina de Sebastián. El escritorio de él era un desastre. Al llegar a la empresa, él también se había calmado porque tenía que enfrentar los problemas del desarrollo del juego. Entonces, Joaquín acercó una silla e invitó a Sofía a sentarse.
Sebastián no soportaba ver la actitud servil de él, se burló y miró a Sofía.
—¿Todavía no te vas?
Hacía mucho que no se veían y antes no habí