Capítulo cuarenta y nueve. ¡Un pícnic!
¡Un pícnic!
—¡Mamá! ¡Señor Blake! ¿Por qué no vienen? —el grito de Matthew les hizo separarse.
Hope miró a Blake y por alguna razón desconocida para ella, se sonrojó ante la mirada apabullante que él le dedicó. En los ojos de Blake podía adivinar la pasión y temía que los suyos no fueran distintos.
—Hope…
—¡Mamá! —gritó Matthew de nuevo, esta vez lo hizo desde la puerta.
Blake sonrió, cogió la maleta de Hope con la mano sana y caminaron juntos, mientras sus hombres se ocupaban del resto.
—¿Qué