Capítulo cincuenta y cinco. Nunca dejé de hacerlo
Nunca dejé de hacerlo
Larry no apartó la mirada de los ojos de su padre, y él tampoco apartó la mirada de su hijo.
—¿Por qué tengo que creerte? —le cuestionó sin acercarse.
—No tienes ningún motivo para hacerlo, lo sé; pero jamás me habría atrevido a asesinar a mi propio hermano, Henry era la única familia que tenía.
Larry apretó los puños y sintió la rabia emerger de lo más profundo de su ser y no sabía exactamente cuál era la razón.
—Nadie aceptaría la culpa siendo inocente, tú nunca negaste