Relata Eva:
Llegué a un lujoso SPA, era el único lugar donde por el momento, podía relajarme, mantenerme cuerda y serena, terminaba mi registro y el pago, cuando escuché unos gritos muy conocidos a mi espalda, lo que me hizo tensarme.
— ¡Ahhhhhhh! ¡No puede ser! ¡¿Eva?! ¡¿Eva, eres tú?! — Vociferaron unas voces chillonas. Me giré lentamente.
— Hola… — Respondí, volteando mis ojos con hastío.
Las tres mujeres saltaron de alegría, como si hubieran encontrado a alguien muy importante, una hij