4. Axel.

Miranda.

Jueves, 20, Septiembre, 2029.

Milán me ha elegido como su madrina de boda, sí, se casará con una mujer que conoció hace 10 años, la conocí en la noche de su compromiso, era la misma que George miraba con cierto amor, esa noche no me cruce para nada con él, tenía que olvidarlo, por suerte o mala suerte para mí, mi padre empezó a envíame a citas a ciegas con hombres de negocios, todos aburridos.

Conociéndome, mandé a volar a todos así logrando rechazar a los 4 candidatos de mi padre pero no esperaba que tuviera un último comodín que pues no logré rechazar al son de hoy. Suspiro viendo la sala de espera en donde esta Richell, George y yo en espera de que llegue Milán o Bar para salir de esta incómoda situación.

 George me mira pero yo simplemente me levanto y llamo a Milán recordando que Axel me ayudó a reservar un restaurante, uno de los mejores.

— Tienes suerte de que soy tu madrina de boda, reserve en uno de los mejores restaurantes de Madrid, me lo tienes que agradecer y por cierto, ¿Aun no llegas? — digo apenas responde Milán, ríe un poco, miro que Richell no está nada contenta.

— Estoy a cinco cuadras del lugar, ¿ya llegaste?

— Claro, y dice tu abuela que ya no las busque que ya la trajeron, parece algo molesta — río nerviosa por su mirada, me cuelga dándome a entender que la soporta mientras llega.

Unos minutos después veo entrar a Milán por la puerta y suspiro aliviada porque llegara pero miro la hora y nada de que llega Bar con los gemelos, se acerca a nosotros.

— ¿Aun no llega Bar? — me pregunta, me acerco negando a su pregunta, suspira mirando a la entrada en espera de que llegue la morena — ¿Qué ha dicho el señor que nos casara?

— Pues, ahora está casando a una pareja, luego vienen ustedes, espero que no te dejen en el altar — me mira mostrándome que no es gracioso, me alejo y camino hacia George. — Ve y habla con el novio e intenta que se calme, ya lo intente y no funcionó.

Digo sentándome, lo veo suspirar y se acerca a Milán, le dice algo y este lo manda a volar, se acerca y se sienta a mi lado.

— Esta como nervioso — asiento.

(…)

Suspiro mirando como Bárbara le dice el sí a Milán, firman el documento en donde lo hacen marido y mujer y se besan, miro a George, el padrino y testigo de esta unión, al final fuimos elegidos para verlos casarse.

Al final si se apareció la morena, suspire de alivio. George debe estar triste porque Bárbara se ha casado con uno de sus amigos, yo solo siento cierto dolor en mi pecho pero no es nada que no pueda sobrellevar.

Salimos del registro civil e fuimos al restaurante elegante, el cual reservé yo como madrina de esta boda con ayuda de Axel, claro; Milán me tenía cierta confianza como para hacerme su madrina. Los  gemelos no paraban de hablarme y halagarme de lo hermosa que me veía con el vestido amarillo, solo podía sonreírle a los pequeños pero cada vez que George intentaba que lo mirara simplemente lo evitaba.

Hablaban todos animados hasta que Richell, la abuela de Milán, nombró a Andrew, nos quedamos en silencio, ya conocíamos la situación del accidente que tuvo hace 10 años, Andrew era peligroso a pesar de ser el primo de Milán, a pesar de ser familia.

Todos se van en sus carros o taxi, miro mi teléfono esperando que Axel que conteste, mi padre me lo presento como último candidato ya que había mandado a volar a todos los hombres, pero Axel era diferente y eso me atraía un poco.

— ¿Te llevo? — pregunta George, no lo miro y me llega el mensaje de que en 5 minutos llega a recogerme.

— No es necesario que te ofrezca, ya vienen por mí — guardo el teléfono y miro la calle esperando que se estacione una camioneta.

George estaba por hablar cuando una camioneta negra se estaciona delante del restaurante, de la camioneta se baja un pelinegro de ojos mieles y piel pálida, alto y vestido informal a pesar de tener mucho dinero.

— Espero no haberme tardado, hermosa... — se calla al ver a George a mi lado con las manos en los bolsillos — Gracias por acompañarla — dice amable y abre la puerta del copiloto.

— Adiós, señor George — digo y entro a la camioneta sintiéndome bien en un largo tiempo y la puerta es cerrada por Axel que rodea la camioneta  se sube para luego arrancar.

— ¿Él es…? — asiento a su pregunta no formulada por completo — Vayas, que gustos tienes — río mirándole.

— Me encantan los hombres tan inmaduros — niega riéndose.

Muerdo mi labio suspirando mirando por la ventana viendo la noche, el carro se detiene frente a mi casa, miro a Axel quien me sonríe, le devuelvo la sonrisa y miro otra vez mi casa pero no me bajo.

— Vamos a beber — digo, me mira confundido — Creo que necesito despejar mi mente, sabes…

Asiente arrancando el carro, después de varios minutos nos estacionamos en un estacionamiento subterráneo de un edificio, miro al pelinegro sin saber a dónde me trajo porque no conocía el lugar por andar sumergida en mis pensamientos.

— ¿A dónde me trajiste? — pregunto un poco desconfiada ya que puede que le contara casi todo de mí hasta por quien estoy enamorada y todo pero no le tenía tanta confianza así.

— Estamos en mi edificio — dice bajándose, me bajo y me tiende su mano, trago saliva y la tomo para caminar hacia el elevador — Alguien me dijo que te gusta los videos juegos, ¿cierto o falso?

Me pongo a pensar en quien podría haber dicho eso si nadie sabe de mi pequeño vicio, el elevador se detiene y salimos, miro el pasillo alejándome de Axel quien abre la puerta de su apartamento, entro y observo el lugar bien elegante, parecía más un estudio que un apartamento normal, miro que hay un segundo piso.

— Es mi habitación por si la curiosidad — me susurra en el oído haciendo que me asuste en el momento, pasa a un lado entrando a la cocina, empiezo a mirar todo lo que estaba a la vista hasta que lo veo salir de la cocina con una botella de vino — Tenemos suerte de que me quedara dos botellas — ríe mostrando la botella y dos copas de vidrio.

Domingo, 24, septiembre, 2039.

Mi teléfono suena en alguna parte de mi cama y lo intento buscar con el sueño encima, una vez que lo encuentro contesto la llamada pero el escuchar el acento ruso me hizo despertar de una luego de ciertos minutos de tensión llamo a Milán para darle la noticia que no sé si es mala o buena.

— ¿Que sucede, Miranda? — pregunta apenas contesta.

— Sé que estás en tu luna de miel en familia pero como ves es lunes y Álvaro Duncan llamó queriendo una cita contigo para hablar de negocios — suelto de una y lo escucho suspirar al parecer estresado.

— Estoy de vacaciones, Miranda.

— Eso le dije y le importó un pepino que estés en tu luna de miel, Milán — le explico y gruñe algo molesto, yo también estoy molesta porque tengo sueño y se supone que también ando de vacaciones hasta que mi jefe regrese de sus vacaciones.

— Bien, organiza una reunión con los accionistas de la empresa para llegar a un acuerdo y poder hablar de negocios con Álvaro Duncan, mientras tanto solo dile que en cuanto regrese de mi luna de miel nos veremos — asiento y cuelga

Dejo el teléfono en la mesita y me vuelvo a dormir hasta que escucho gritos abajo y era obvio que era mi hermano y mi papá a pesar de que mi hermano ya no vive aquí, me siento y busco mi laptop, me pongo mis lentes y comienzo a buscar apartamentos o estudios para largarme viendo que tengo el presupuesto suficiente para irme a vivir sola.

Jueves, 18, octubre, 2029.

Hoy mi jefe esta de cumpleaños y no ha dejado de quejarse de que Bar ha estado extraña y que posiblemente le he infiel con alguien y el solo escuchar decir eso a cada momento me estresa, por suerte hoy no vino a trabajar pero sigue mandándome mensajes; me levanto de mi escritorio y apago todo lista para irme y prepararme para la fiesta sorpresa organizada por su esposa y su tía.

Una vez en mi apartamento, sí, mi apartamento, por fin me pude independizar aunque mi hermano y mi padre no lo tomaron muy bien, empiezo a tener la vida que me propuse, mi propio apartamento y pronto mi propio carro aunque no sé conducir a pesar de tener licencia de conducir.

Miro la hora y me organizo en 2 minutos para luego bañarme, arreglar mi cabello y vestirme, maquillarme y verme en el espejo en menos de una hora. Suspiro mirándome en el espejo con un vestido de seda rosa, empecé a dudar si ponerme sostén o no ya que es un vestido que no se usa sostén.

 — Dime que esto se ve bien en mí — digo mostrándome delante de la laptop a Mariana quien fue a quien acudí, ella mueve su mano pa que de media vuelta y lo hago.

— Perfecta, ve y conquista a esos hombres — dice y cuelga, niego y tomo mi bolso para irme rápido.

(…)

Me acerco a Bar quien está junto a George que no ha dejado de mirarme toda la noche, la abrazo feliz por la maravillosa decoración y el lugar.

— Milán juraba que le estabas siendo infiel — confieso separándome de ella, abre su boca sin creerlo y mira a George quien asiente, al parecer no fui la única a quien Milán fastidió.

— Solo lo ignore 3 días y ya andaba pensando que le estaba poniendo los cuernos, Dios, cuando daño le hicieron para que piense con tal inseguridad —  dice haciendo que George se ponga toser, me río.

— Buenas noches — los tres miramos al rubio de Andrew, primo de Milán acompañado de Violeta, ex novia de Milán quien cargaba un anillo de compromiso que mostraban sin disimular, el cual noto por su exageración.

— Vaya, que hermoso anillo, Violeta — halago con asombro — Pero me gusta el anillo que Milán le dio a Bárbara, tiene cierto sentimiento y es de 2 generaciones — digo tomando su mano y viendo el anillo que es mucho más hermoso que de la pelinegra — Por cierto, nunca me dijiste lo que dice el grabado del anillo de boda — me mira confundida pero me dijeron que ese anillo tenía un grabado.

— Que tengan una linda velada — dice el rubio y se van, George empieza a reírse sin contenerse.

— Esa estuvo buena, Miranda, si hubieras visto la cara que puso cuando hablaste del anillo de Bar — la morena se ríe y Milán se nos acerca.

— Padrino, Madrina, si me permiten, quiero bailar esta pieza con mi esposa — le damos paso y Milán se lleva a Bar a la pista de baile para bailar una canción lenta, suspiro viendo lo hermoso que se ven juntos.

Tomo de mi vino y camino a mi mesa pero George me detiene del brazo, lo miro sintiendo mi piel quemarse al tener un vestido de tirante.

— ¿Podemos hablar? — pregunta señalando el jardín que tiene el salón, miro a todos lados y no noto a mi hermano por ningún lado y asiento siguiéndolo, nos detenemos frente a una fuente — Te ves hermosa…

Intento no rodar los ojos y pienso en el momento en el que se quedó callado y no dijo nada a mi confesión en su cumple.

— Sé que piensas que no lo he notado pero si lo he notado… — lo miro esperando que especifique que ha notado pero solo mira por debajo de mi barbilla y sé que un tirante se ha deslizado por mi hombro, lo acomodo dándome cuenta que no quita su mirada.

— ¿Has notado que, señor Acosta? — pregunto haciendo que su vista regrese a mi cara, traga saliva.

— Que… que me has estado ignorado en todas las reuniones — asiento dándole razón.

— Estas en lo correcto y me parece algo bueno, porque eres el mejor amigo de mi hermano y como yo soy su hermana, tengo que ignorarte — sonrío explicando la situación — Si eso es todo, me iré…

Doy media vuelta para irme pero me detiene pero no lo miro.

— Te me confesaste para nada — ríe — Se nota que sigues siendo…

— ¿Una niña? — pregunto mirándole a la cara — Claro, al menos sé lo que quiero, así que si me suelta, me tengo que ir — digo pero no me suelta.

— ¿Con quién? Con ese tipo de la otra vez, ¿no?

—Sí y su nombre es Axel, Axel Wales, tremendo hombre — sonrío con picardía, me suelta y me voy con el corazón a mil, visualizo a mi hermano y me despido.

Y como si las coincidencias existieran, la camioneta de Axel se estaciona delante de la entrada del lugar me monto en la camioneta y me mira.

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