Miré aterrorizada a mi esposo, mirándonos a los dos directamente a los ojos, viendo mucha rabia y furia en ellos.
—Duele, por favor déjame ir, Gerard, me estás lastimando—, le dije.
——Y me va a doler más si no me dices quién te dijo que sigo en una relación con ella— me dijo, apretando su mano en mi brazo.
—Esta noche han entrado en tu móvil varios mensajes suyos y, como tu mujer, los he leído todos. ¿Qué te pasa, Gerard? ¿Aún la amas?—, le pregunté llorando.
—Esa puta no me deja en paz—, me di