A la mañana siguiente cuando desperté, me levanté de la cama, entré al baño, me duché, me sequé el cuerpo con una toalla, regresé a mi habitación, me vestí, bajé a la cocina a tomar un vaso de jugo como cada dos mañanas. mañanas, viendo a mi pequeña Celina y a mi esposo ya sentados en la mesa, acercándose a mi hija, dándole dos besos en las mejillas
—Buenos días, ¿cómo durmió mi pequeña esta noche?—, le dije a mi hija, acariciando su mejilla sonrosada.
—Bueno, mamá, me he comido toda la leche