Mundo ficciónIniciar sesiónSe besan profundamente, igual que aquella noche en su retiro. Pero esta vez Jullian se separa rápidamente y no la mira.
La ayuda a sentarse de nuevo en el sofá, pero ella mueve su cuerpo hacia su regazo en lugar de hacia la silla y se acurruca en sus muslos, rodeándole el cuello con las manos.
«Creí que habíamos dicho que no nos tocaríamos», dice él, con el pecho agitado por el esfuerzo de controlar sus emociones.







