Por primera vez, ni siquiera podía sostener el teléfono.
Sus dedos largos temblaban mientras enviaba un mensaje a ella, a ella que ya no volvería.
—Chiquilla, hermanito ha vuelto.
Y tú, debido a que hermanito se había ido para siempre.
El fuego, avivado por el viento, era feroz, y no se extinguió hasta el amanecer.
—¿La encontraron?— Miró a Damián, preguntando con voz tranquila, pero solo él entendía la aguda angustia en su corazón.
Damián bajó la cabeza y dijo:
—Don Andrés, todavía estamos inv