Esta fue la primera vez que ella lo vio preocuparse por ella.
—Andrés...— sus ojos se pusieron rápidamente rojos y llamó su nombre.
Siempre hacía esto, respondiendo a su desesperación una y otra vez, encendiendo un poco de esperanza. Pero esta vez, esa esperanza ya no existiría.
Andrés la miró en su estado desaliñado, murmuró algo entre dientes y la abrazó rápidamente, cubriéndole la boca y la nariz con un paño húmedo.
—¿Estás bien?
Ella agarró su abrigo, sacudiendo la cabeza sin parar, incapaz