En ese momento, Fermín intervino, pues odiaba el desperdicio:
—Selene, quédate a cenar. Al saber que vendrías, le pedí al cocinero que preparara 7 u 8 platos más. Si te vas ahora, toda esa comida se desperdiciará.
—¡Si Selene no cena conmigo, a partir de mañana haré huelga de hambre!— Dijo Pedro mientras se alejaba con aire abatido hacia la sala de estar, apoyado en su bastón.
—¡Mejor aún si el abuelo no come dulces!
Al oír esto, Pedro se quedó paralizado en su sitio.
—Eres una desalmada, una d