Ana mostró una expresión de hipocresía, pero entre todos los presentes, nadie odiaba más a Luciana que ella, porque los muertos no hablan.
—Señora, ¡usted no sabe nada! Los cerdos muertos no temen al agua caliente, y alguien como Luciana, que no entiende los límites y se atreve a tocar el tesoro del señor Andrés, este agua caliente... ¡es lo mínimo!
Damián sonrió amablemente, con una apariencia de sonriente tigre, mientras explicaba, levantando el cubo de agua caliente que tenía en la mano, como