—¡Sube al auto!
La ventanilla bajó y su voz impaciente resonó.
—¡Ya voy!— Damián respondió de inmediato, abrió la puerta y se sentó rápidamente dentro.
El aire acondicionado dentro del vehículo alivió el calor abrasador del verano. Damián condujo sin demora y abandonaron esa vieja comunidad residencial.
El lujoso automóvil avanzaba suavemente por las calles de la ciudad.
—¿Mi madre ya fue dada de alta?
—Sí, la señora salió del hospital antier— respondió Damián.
Luego, su voz nuevamente sonó amen