Andrés entrecerró sus peligrosos ojos y asintió:
—Entendido.
Luego, entreabrió sus delgados labios y ordenó:
—Carguen las cosas.
Damián se quedó desconcertado por un momento, hasta que vio las cajas de embalaje en el suelo y comprendió de inmediato.
¡Resultaba que su jefe, el señor Andrés, quería que él, su subordinado, hiciera el trabajo pesado de cargar las cosas de su amada mujer!
¿Por qué siempre era él el que sufría?
Damián resopló con amargura, pero de todos modos respondió de inmedia