Selene se tapó la boca para ocultar su risa.
Unos segundos después, Mariana abrió la puerta de la habitación.
Al ver la tranquilidad reinante y la puerta del apartamento cerrada, preguntó sorprendida: —¿Ellas... ellas se fueron?
Nacho señaló a Selene:
—La jefa las espantó. Mariana, no viste las caras de esas viejas, palidecieron por completo, ¡huyeron despavoridas!
—Selene, ¿cómo las ahuyentaste?— Mariana miró admirada a Selene y la abrazó. —¡Mi hermana es realmente increíble! Una vez tuve que venir a buscar mis viejas manualidades para un programa de TV, y ellas me atraparon. ¡Tuve que darles 300 a cada una para que me dejaran ir!
—¿300 a cada una?
Mariana asintió.
Selene negó con la cabeza y tocó suavemente la frente de Mariana con su delicado dedo.
—¡Eres una tonta!
—Aw...— Mariana se quejó. —No tuve opción... Se pararon frente a mi auto, se tiraron al piso, hicieron berrinches... Temía que llegara la policía y se armara un escándalo, así que tuve que...
—Precisamente porque cedi