—Está bien, entonces tampoco me llames 'señora', si no te importa, podrías llamarme 'tía' como Selene y Luciano— respondió Azul.
Selene, al escuchar estas palabras de Azul, se atragantó con la soda y comenzó a toser fuertemente. Con los ojos muy abiertos, miró a Azul a su lado y murmuró en voz baja:
—Tía, estás pidiendo que te llamen 'tía', pero él no es tu sobrino.
Azul, al escuchar las palabras de Selene, pensó cuidadosamente por un momento y se dio cuenta de que tenía razón.
—Bueno, ahora qu