—¿Estaba sola?— Damián negó con la cabeza, tragó saliva y respondió con valentía: —No, la señorita Soto está con Octavio.
—¡Mierda!— Andrés maldijo en voz baja y se levantó rápidamente para dirigirse hacia afuera de la oficina.
Damián, al ver esto, lo siguió de inmediato.
En el camino, los vehículos avanzaban, pero era hora punta y el tráfico estaba terrible...
Cuando llegaron a la entrada del centro comercial, Selene y Octavio salían del centro comercial con las bolsas de compras.
Andrés, al ve