Azul, muy hospitalaria, hablaba animadamente y luego se apresuraba hacia la cocina.
Selene miraba a Octavio, sonriendo un poco avergonzada,
—Mi tía solo dijo eso de pasada, no te lo tomes en serio.
Al escuchar Selene decir eso, la sonrisa de Octavio se volvió un poco rígida,
—Realmente esperaba que lo que dijo la señora fuera cierto.
Selene fingió no haber escuchado nada y dijo con una sonrisa incómoda:
—Octavio, ve al salón, yo te serviré té.
Selene encontró una excusa y se dirigió hacia el