Selene también conocía el temperamento de Azul. Una vez que ella tomaba una decisión con tanta firmeza, era difícil hacerla cambiar de opinión.
—Está bien, está bien, tía, no te enojes. Después del trabajo, iré a empacar mis cosas— Selene aceptó a regañadientes, sabiendo que no podía resistirse a la bondad de Azul.
Luego, Azul le dio un ligero golpecito en el hombro a Selene.
—Así está mejor. ¡Si no aceptabas, habría empezado a regañarte!
—Está bien, está bien, tía, cálmate— Selene sonrió con t