Selene miró la pantalla de llamada y vio que era su padre quien llamaba. Después de dudar por un momento, decidió contestar.
—¿Hola?
La palabra “papá” se quedó en su garganta, difícil de pronunciar. Con tono ligero, preguntó: —¿Hay algo que necesites?
Tan pronto como Fausto escuchó la voz de Selene, comenzó a gritar:
—Selene, te subestimé. ¿Cómo es posible que el 20% de las acciones de la bodega, que pertenecía a tu madre, ahora esté a nombre de Luciano? ¿Qué has estado haciendo a mis espaldas?